La Zaguanera, también conocida como La Reina africana, es la que sabe desde siempre que la contemplación se parece a la espera, y la espera podría ser amor. Repito: podría. Crítico teatral de profesión y persona, digamos, maravillosa, La Zaguanera que, como toda persona maravillosa sabe transformar la derrota en espera, el deseo en crítica y el amor en un festival de teatro, anda, siempre, animada con cigarrillos, alcohol y exceso. Lo de animada es un decir, es un guiño de melodrama de final ambiguo, de amor de pueblo, de amor de segunda, de ficción, contemplado, digamos. Trabaja en uno de los diarios más importantes del país pero eso no importa. Tampoco su nombre ni cierta compilación de obras en la que escribió un prólogo sobre la necesidad de analizar la violencia dentro del cansancio (o al revés). Sólo importa su imagen de hace unos meses, el año pasado me contó, borracho de Gin Tonic él, en la ciudad de Córdoba, hablando de varones sensibles mientras un uruguayo triste daba señales de amor imposible. Del uruguayo La Zaguanera sólo recuerda el tamaño de su nariz y el celeste de sus ojos. También que trabajaba para Cultura del gobierno uruguayo. “El argumento será: Nosotros queríamos ir y ellos querían venir y un día nos encontramos a mitad de camino. Allí nos preguntamos qué es lo más fácil”, decía el crítico que es una persona maravillosa, borracho de Gin Tonic en la ciudad de Córdoba. “Una invasión mutua”, dijo el otro, así, de golpe pero sutil, sonriendo para abajo como solía hacerlo mientras, contemplativa ya terminando su segundo Gin Tonic, el crítico se perdía en las posibilidades próximas y en las distintas variantes para tapar un vacío. Un decir esto. Apareció la lástima y la ternura, que no son la misma cosa y una solapada pero irrefrenable dilatación cardiovascular también se produjo en La Zaguanera. Como sucede siempre en estos encuentros entre un gobierno y los artistas, entre las gestiones culturales y las pasiones desenfrenadas que despierta el teatro, la noche estaba muy entrada y la escena sucedía entre la música electrónica de un boliche de la ciudad de Córdoba, Zen, adonde habían recaído horas antes, Seminario de Gestiones Culturales mediante, cuando comenzaron una pequeña discusión sobre proyectos que involucraran la dramaturgia como eje básico, y de futuros festivales que pudieran juntar las ganas del crítico (de Argentina) con el Uruguay, y la predisposición tímida pero firme de los uruguayos por dejar de parecer, también. Hablaban de invasiones mutuas que resumían de forma elíptica y, digamos, barroca la charla posterior que tuvieron, que tuvo La Reina negra con el funcionario uruguayo que proponía festivales y miraba tristemente, casi sin quererlo, en el enloquecedor sonido del boliche cordobés. “Era de esos varones que disfrutan de la compañía de uno”, dijo el crítico, “esos que te alientan de alguna manera a que te lances tiernamente sobre ellos pero que te rechazan de una manera tan humilde y dulce que una termina tirada en un rincón, llena de culpa y amor”. Esto lo pensó también ahí él, entre sonrisas y Gin Tonic. El uruguayo estaba cerca pero lejos como para escucharle los pensamientos. Tampoco lo miraba directamente a pesar de la mirada del crítico que se posaba casi disimuladamente sobre él. Disimulado es un adjetivo irónico. “Demasiado tímido para mirar de frente, es una linda persona”, dijo el crítico, casi como una vieja actriz invitada de todo esto. Pasaron tres muchachos delante de ellos, muy cerca, esa noche en Córdoba. “Varones que ofrecen carne y peligro, mentirosos varones que mienten tan verdaderamente que casi no mienten ellos, siempre ofreciendo el idéntico peligro que tratan de ocultar. Te llevarán todo. O vos se lo darás todo”. Tenía los dientes apretados de deseo al contarlo. Fuma Particulares 30 y al uruguayo, aquella noche, lo vio como un varón sensible y peligroso, de esos que conjugan el entonces y el todo, y de los cuales nunca se sabe el motivo por el cual esa sensibilidad huele a oscuridad. La Reina africana jamás volvió a verlo. Tampoco quiso. Hay algo triste, derrumbado. Hablo de los dos.
LEONEL GIACOMETTO (Rosario, Santa Fe, 1976). Escritor, dramaturgo y director teatral, y a veces periodista cultural. En narrativa ha publicadoPequeñas Dispersiones (Editorial Municipal de Córdoba, Córdoba, 2005). Algunos de sus cuentos fueron premiados y publicados en antologías en Argentina, España, Costa Rica y México. Para chicos ha escrito Naúfragos y Piratas (Editorial Homo Sapiens, 2005). Para teatro, entre otras, Dolor de pubis (Siete autores: la nueva generación, Editorial Inteatro, Buenos Aires, 2004), Santa Eulalia,Madagascar (Dramaturgos del Litoral argentino, Editorial de la Sociedad General de Autores, Argentores, Buenos Aires, 2008) Despropósito,Arritmia (Nueva dramaturgia argentina, Editorial Inteatro, Buenos Aires, 2008), Plató (Tercer Premio en el VII Certamen de Textos Teatrales de Torreperogil, España, 2004), Herr Klement(Primer Premio del concurso de textos teatrales del Ayuntamiento de Santurce, España, 2005),Todos los judíos fuera de Europa. Escribió y dirigió Carne Humana (1998), Fingido(2007), Real (2007), Latente (2008) y Desenmascaramiento (2008). Sus obras son representadas en Argentina, España, El Salvador, México, Estados Unidos y Venezuela. Junto a Patricia Suárez publicó Trilogía peronista (Editorial Teatro Vivo, Buenos Aires, 2005) y el volumen de obras infantiles Leones, osos y perdices (Editorial Colihue, 2006). Reside en Rosario. Nominado a los Premios ACE 2006/2007, mejor autor argentino por Todos los judìos fuera de Europa (6 nominaciones ACE, 3 Premios ACE -Mejor espectàculo off, Mejor Actor, Revelaciòn masculina). http://putosbreves.blogspot.com/
No hay comentarios.