Aventuraciones sobre la amistad

Pienso en la amistad y por esa vía intento describir su significado. Creo que no sobra pensar y repensar este tipo de relaciones que son fruto de algo más grande que de la casualidad. Quizás todo comienza por ahí: un encuentro fortuito con alguien que en un primer momento causa buena impresión en nosotros, decimos vulgarmente: “inspira confianza”. Tal puede ser la semilla de un afecto que puede reproducirse, hacerse más grande, crecer. Pero ese es sólo el primer momento de la amistad, de ese ejercicio de reserva prolongado que busca siempre la confidencialidad, lejos de la complicidad.

Cuando pienso en ella, me parece fundamental tener presente que exige nuestra presencia, que es importante siempre el interés –expresado en preguntas, en escucha, en gestos de receptividad, en la invitación continua a un buen café- y tener siempre como primer propósito una acción que creo que hay que posicionar, ubicar en nosotros: conocer.

Cuando vivo la amistad, creo que el conocimiento del otro es la meta última pero no es la meta en sí, quiere decir esto que el conocimiento debe conducir a un ejercicio de libertad, esto es, cerciorarnos siempre de que nuestras sugerencias, nuestros consejos, nuestras observaciones apuntan a la libertad del otro y no son objeto de nuestro capricho o de nuestra limitada forma de ver las cosas. Lo que quiere decir que la amistad es un proceso de construcción de un mundo compartido que se extiende hasta donde los involucrados tomen la decisión de hacerlo.

Habrá tensiones, no creo que la amistad sea un asunto de total empatía y de asentir pasivamente las propuestas del otro. Amistad es también sobrellevar las tensiones procedentes de la discordia, es evidenciar la estafa, la impostura. La amistad es un ejercicio de retar permanentemente nuestra necesidad de hipocresía para forzarnos a decir con dulzura el defecto recurrente. Amistad también es darse, es ofrendar la esencia y entregar una cuota de nuestra voluntad para impulsar un ritmo de atención, de compañía. Siempre será necesario recrearnos, edificarnos individualmente para no cansar al otro, para no ser un día repetido muchas veces.

La amistad es, en últimas, un humano clamor de trascendencia. Desde la profunda soledad que nos orienta, darse a la amistad será siempre una alternativa al incontenible individualismo, con visos de egoísmo, que amenaza nuestros tiempos.

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Pensando el tener y el ser

Sostengo que no me parece en absoluto trivial detenerme a pensar en la vida, en la forma como ésta cobra forma en mis acciones, en mis recuerdos, en mi obstinación y en mi falta de correspondencia conmigo mismo. Pensar la vida supone también un aprendizaje, un “detenerse”, un “suspenderse”. También debo reconocer que no puedo hacerlo sólo, finalmente, mi vida ha sido antecedida por cientos de vidas con incontables experiencias de las que extraigo unas pocas y desde las que voy identificando unos cuantos elementos con los que me identifico. En ese ejercicio he encontrado un autor sensacional: Erich Fromm. Sus precisiones me parecen aterradoramente vigentes y abrumadoramente significativas. Son, en algún sentido, orientadoras.

Hoy, quisiera detenerme en una de tantas, particularmente algunas de las extraídas de su libro ¿Tener o Ser?. En este libro en el que se plantea una clara disyuntiva entre el tener y el ser hay mucho por agregar a la propia vida tal y como yo, en mi limitación, la he venido entendiendo. Creo que existir requiere determinación. Existir implica personalidad en la medida en que nuestros juicios no se verán arrastrados por los modos de ser que emanan de lo que estimamos superfluo o frívolo. Surge entonces la necesidad de discernir, esto es, seleccionar, lo que al mismo tiempo implica una renuncia: la de lo no seleccionado. Entre los ejercicios más determinantes de discernimiento está nuestra forma de otorgar valor, es decir, las categorías de importancia que concedemos a la realidad para determinar lo más deseado, lo que queremos obtener. Tal fenómeno tiene lugar en cualquier ámbito o en cualquier situación: acudimos a una reunión y, ocasionalmente, hay alguien que nos gusta, también puede suceder que alguien nos repugna. Ese fenómeno se prolonga a muchos otros elementos: los objetos, el proyecto de vida o la vida en pareja. En algún momento pensamos que dinamizarnos para el cambio puede darle un sentido más deseado a nuestra vida y es precisamente en ese punto en el que decidir es el acto fundamental como fundamental es el objeto del deseo. Señala Fromm: “Cualquier cosa puede convertirse en objeto de la codicia: las cosas que usamos en la vida diaria, las propiedades, los ritos, las buenas acciones, el conocimiento y los pensamientos. No son en sí ‘malos’, pero se vuelven malos cuando nos aferramos a éstos, cuando se vuelven cadenas que afectan nuestra libertad e impiden nuestra realización”.  De lo anterior surge una apreciación: que el deseo es un motor, que el objeto tiene un lugar, pero que el lugar del objeto es permanecer como tal. Los objetos del deseo señalan caminos, pero no son el camino en sí mismos. Tal y como éste lo sostiene, en el momento en que me permito identificarme con ellos, ellos me tienen: “hace que objeto y sujeto sean cosas. Su relación es de muerte, no de vida”.

Lo anterior se estructura también sobre una afortunada diferenciación entre alegría y placer. Para éste “los placeres de la sociedad contemporánea producen distintos grados de excitación, pero no alegría De hecho, la falta de gozo obliga a buscar placeres siempre nuevos, cada vez más excitantes”, de lo cual da testimonio un viernes nocturno, para no ir muy lejos. Por el contrario, señala que “la alegría es concomitante de la actividad productiva, no es una ‘cumbre de la experiencia’, que culmina y termina de pronto, sino más bien una meseta, un sentimiento que acompaña la expresión productiva de nuestras facultades humanas esenciales. La alegría no es el éxtasis momentáneo, sino el resplandor que acompaña al ser”, permitiéndonos una descripción mucho más aguda de lo que nos viene siendo negado sistemáticamente por las nuevas formas de diversión. No creo que se trate de descalificar la extrema excitación que podría proporcionarnos una buena fiesta o el consumo de algún alucinógeno, pero sí de tener claro que su frecuente empleo está lejos de convertirse en una experiencia liberadora.

Tener y ser son experiencias diferenciables aunque el mundo se empeñe cada vez más en lo contrario. Puesto así, creo que la lectura de un libro de esta naturaleza puede ser vivificante y reveladora para pensar la vida y el sentido que estamos abocados a darle.

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El hilo 29

Flota en el humo de los desvelos
un violento sueño de soledades.
Soledades de la desolación,
tristezas nunca solas,
tristezas grabadas a fuego lento,
tristezas con nombre y con años.
La memoria,
ovillando el hilo de las ausencias
desenreda la madeja del encuentro.
La memoria,
ovillando el hilo del encuentro
desenreda la madeja de las ausencias.
La memoria,
ovilla y desenreda esperanzas,
encuentros y ausencias, nombres y años.
La memoria,
hilvana y teje con el mismo hilo…
Nunca más. Solos, nunca más.
Porque venimos del mismo hilo.
Porque venimos de la misma voz.
Porque somos una sola voz,
enhebrando un mismo hilo.
Porque tejemos con el mismo hilo
la voz de la memoria.
Porque somos un mismo hilo en la voz.
Porque somos la voz de un mismo hilo.
Porque somos un torrente de voces y de hilos,
tejiendo memoria…
Nunca más. Solos, nunca más.

Mariano Ángel Remón

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La primera oración

Vuelan las manos del poeta hacia las alturas
y le nacen versos que en él maduran.
Sus palabras se convierten en oración
y le surgen coplas que en su alma perduran.
Las palabras bailan en su mente
desnudas e irrepetibles
una danza caliente.
En una procesión de silencios
entre notas de luz y lejos del desierto
sus versos vuelan con alas de sol
hacia donde nunca mueren las palabras
y adonde las musas hacen su concierto
Entre sus manos y tajando el aire del tiempo
brotará la simiente de un poema,
en un cantar ancestral, en una gota de luz
desde el oscuro silencio de su mente.
el primer verso del poeta brota y crece.
Y vuelan las manos del poeta hacia las alturas
y en el oscuro silencio de su mente
entre letras de luz
germina la semilla de un poema
y la primera oración asciende.

.

Mariano Ángel Remón, nacido en Rosario en agosto de 1960, padre de Santiago y Ana Clara.
Bailarín de folklore desde hace diez años, en la danza encontré mis primeras manifestaciones de expresión corporal y grupal; desde hace cinco años escribo poemas y cuentos breves como una forma más de expresar y trasladar mis sentimientos y pensares de la vida cotidiana, los amores vividos, los encuentros y las despedidas, voy creciendo junto a mis hijos, a los amigos y a María que hoy es mi savia fresca y mi horizonte de luz.

Participación en concursos:
Ediciones de las Tres Lagunas, premiado con mención de honor, en Certamen Nacional e Internacional Junin País 2007.
Editorial Nuevo Ser, seleccionado en la XIX Convocatoria Internacional de Poesía y Narrativa Breve, Antología Letras de Oro 2008. Publicación con dos poesías en dicha antología.
Participación en el Certamen de libros de poesía inéditos Felipe Aldana de la Municipalidad de Rosario, año 2007.
Participación en el Certamen de la Editorial de los Cuatro Vientos, año 2009.
Participación en el Certamen de Editorial Raíz Alternativa, año 2009,
y preseleccionado en la XXXVII antología Argentina En Versos y Prosas, de dicha editorial.
Participación en Certamen internacional de Narrativa 2009, Juan Carlos Onetti, Editorial La Barca de la Cultura.
Participación en Certamen “Alfonsina Storni 2009” El Talar, Pacheco, Partido de Tigre, Buenos Aires.
Participación en el certamen “Tatuajes del Alma” 2009, Editorial Creadores Argentinos.
Participación en “Premio Literario Casa de las Américas 2010”. Cuba.
Participación en Concurso ECA (Escritores Cordobeses Asociados) cuento corto y poesía 2009.
Concurso provincial de Cuentos, Mutual de la Asociación Médca de Rosario 2009.
Certamen “Premio Literario Gutemberg 2009”, Mendoza.
Certamen “Premio Macedonio Fernández, VI Concurso Nacional de Narrativa y Poesía 2009”, Lomas de Zamora, Buenos Aires.
I Certamen Poesía Ecoloquia, poemas sobre ecología, año 2009.
Participación en la página “Rincón de los Escritores”, página web: www.larmancialtda.com/, aquí se leen todo tipo de escritos de escritores de todo el mundo, on line.

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Desde el olvido

Lágrimas encendidas.
Silencios sepultados.
Gritos en las ventanas.
Aullidos entre los barrotes.
Paz robada del vientre materno.
Y como rayos encendiendo la noche de la indiferencia,
las madres,
resistiendo en los pañuelos blancos.
Y como pájaros de fuego quemando las ramas de la memoria,
los hijos,
que van apareciendo desde el olvido.
Enero 2010.
.

Mariano Ángel Remón, nacido en Rosario en agosto de 1960, padre de Santiago y Ana Clara.
Bailarín de folklore desde hace diez años, en la danza encontré mis primeras manifestaciones de expresión corporal y grupal; desde hace cinco años escribo poemas y cuentos breves como una forma más de expresar y trasladar mis sentimientos y pensares de la vida cotidiana, los amores vividos, los encuentros y las despedidas, voy creciendo junto a mis hijos, a los amigos y a María que hoy es mi savia fresca y mi horizonte de luz.

Participación en concursos:
Ediciones de las Tres Lagunas, premiado con mención de honor, en Certamen Nacional e Internacional Junin País 2007.
Editorial Nuevo Ser, seleccionado en la XIX Convocatoria Internacional de Poesía y Narrativa Breve, Antología Letras de Oro 2008. Publicación con dos poesías en dicha antología.
Participación en el Certamen de libros de poesía inéditos Felipe Aldana de la Municipalidad de Rosario, año 2007.
Participación en el Certamen de la Editorial de los Cuatro Vientos, año 2009.
Participación en el Certamen de Editorial Raíz Alternativa, año 2009,
y preseleccionado en la XXXVII antología Argentina En Versos y Prosas, de dicha editorial.
Participación en Certamen internacional de Narrativa 2009, Juan Carlos Onetti, Editorial La Barca de la Cultura.
Participación en Certamen “Alfonsina Storni 2009” El Talar, Pacheco, Partido de Tigre, Buenos Aires.
Participación en el certamen “Tatuajes del Alma” 2009, Editorial Creadores Argentinos.
Participación en “Premio Literario Casa de las Américas 2010”. Cuba.
Participación en Concurso ECA (Escritores Cordobeses Asociados) cuento corto y poesía 2009.
Concurso provincial de Cuentos, Mutual de la Asociación Médca de Rosario 2009.
Certamen “Premio Literario Gutemberg 2009”, Mendoza.
Certamen “Premio Macedonio Fernández, VI Concurso Nacional de Narrativa y Poesía 2009”, Lomas de Zamora, Buenos Aires.
I Certamen Poesía Ecoloquia, poemas sobre ecología, año 2009.
Participación en la página “Rincón de los Escritores”, página web: www.larmancialtda.com/, aquí se leen todo tipo de escritos de escritores de todo el mundo, on line.

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Barricada de amor

Hermosa encuentra la vida
quien la construye hermosa.
Por eso amo en ti
lo que tú amas en mí:
La lucha por la construcción
hermosa de nuestro planeta
Otto René Castillo

No pasarán, los venceremos, amor, no pasarán…
Carlos Mejía Godoy

A flor de piel se nos desnudan los sueños,
la lujuria tierna construye en el mar,
que sudor ha sido de mi sangre,
un irisado arrecife de coral.

Hemos fecundado las entrañas de la tierra,
fundimos las humedades,
fulguramos los poros por las hojas de los lirios
y la pasión se desplaza silenciosa
entre los cardos de los caminos.

Mariposas carne de la noche nos arrullan,
brasas salmodian nuestra trova al firmamento,
entreveran bajo la lluvia las sensualidades:
en el corazón de la selva copulamos dos yaguares.

Himplamos, nos complacemos,
una caricia se enraíza con sus alas a los cuernos de la luna,
mis lágrimas germinan en el fuego las flores,
y los besos danzan el erotismo en la laguna.

Entre zarpazos de nube tejemos las caderas,
los roces serpentean
tu lengua explora grutas, montañas y huecos,
y frente a la injusticia,
entrelazas con mis manos los dedos.

Enredamos las piernas en la senda esplendente de la historia,
rugiendo, encendemos un tatuaje de fuego al cerro,
la palabra abre brecha entre la hiedra
y como una barricada de amor
dejamos nuestras huellas de esperanza entre las piedras.

Mariela Loza Nieto
(México, 1977)

Publicaciones:

Poemario:

Nuestra América: el dolor pariendo a la esperanza (2010)

Esbozo histórico:

Ciénega de Zapata, un cocodrilo aprende a leer en las trincheras, (2009).

Esbozo histórico:

México: los naturales de la tierra, (2009).

Antologada en:

El espacio no es un vacio, incluye todos los tiempos”, Asociación Canadiense de Hispanistas, Editorial Broken Jaw Press (2010).

Colaboradora de las secciones “Literatura y Derechos Humanos” y “América Latina: Derechos Humanos”, de la Revista Antropológica: Homo Homini Sacra Res (España).

Colaboradora de la Revista de Literatura y Humanidades Gibralfaro (Universidad de Málaga, España).

Ha publicado en las revistas literarias: Letralia, Tierra de Letras (Venezuela); Resonancias (Francia); Konvergencias literatura (Argentina); La Hojarasca (Colombia); Proyecto Sherezade (Universidad de Manitoba, Canadá); Gotas de Tinta (España); Transversales (España); Revista Cultural Tántalo (España); Creatora (España); Ariadna (España); Arena y Cal (España); Letras Uruguay (Uruguay); Cinosargo (Chile); Mensapiens (Argentina), Pliego Suelto (España), Periódico Echando lápiz (Colombia) y Palabras Diversas (España)

Miembro de las asociaciones:

Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET),

Red Mundial de Escritores en Español (REMES),

Unión Hispanoamericana de Escritores,

Poetas del Mundo.

Finalista en el XXV Certamen Internacional de Poesía y Narrativa Breve 2009 (Editorial Nuevo Ser, Argentina)

Recibió accésit y mención especial en el I Certamen de Relato Corto de la Revista Literaria Katharsis (2008).

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EL UNICORNIO EN EL JARDÍN

Aquella mañana, despertó sintiéndose más infeliz y solo que nunca. El silencio poblaba la habitación, estaba cansado aún cuando apenas comenzaba el día, pero su fatiga iba mucho más allá de un agotamiento físico, el desgaste era interno. Podía no comprender muchas cosas, pero de algo estaba seguro: su vida era inútil.

Observó su recámara espaciosa y grande. Tenía todo lo que pudiera requerir. Ahí estaba su computadora, el piano que tanto le gustaba tocar aunque no supiera hilar una melodía correctamente, sus libros con grabados, la televisión, películas y juguetes al por mayor. Y sin embargo, de poco le servía todo aquello.

Tenía síndrome de Down, pero eso no significaba que no se diera cuenta de lo que sucedía a su alrededor o que no poseyera sentimientos. Se sentía solo, desprotegido, sin saber lo que era un abrazo, una palabra de aliento, una mirada amorosa. Sabía que todo eso existía porque lo veía en sus películas, en los programas de la televisión, en los libros,  pero nunca había logrado experimentar en carne propia esa sensación.

Siempre había vivido recluido en esa habitación, podía salir al jardín solo cuando sus padres estaban fuera y bajo la estricta vigilancia de Juana que se encargaba de supervisar cada movimiento y acción, pero más que eso, de cuidar que nadie entrara en casa intempestivamente y lo descubriera ahí. Vivía con comodidades porque eran adinerados, pero éstas solo servían para ayudarlo a sobrevivir cada día, a ver transcurrir los minutos y las horas como algo mecánico, sin significado alguno. A su padre ni siquiera lo conocía bien. Escuchaba su voz detrás de la puerta pero nunca lo había tenido cerca de él, ese hombre era quien menos lo quería.

Lo llamaba “el loco” sin que pudiera entender el motivo. Si loco era el que ansiaba ser amado y comprendido entonces tenía razón, si loco era el que pedía a Dios que se lo llevara de este mundo para no seguir incomodando a esas personas que lo habían traído a la vida solo para condenarlo a la soledad más cruel, entonces era cierto. Era un loco porque no nació como ellos soñaron, porque nunca podría ser tan galante como su padre ni tan delicado como su madre. Pero, a pesar de todo los amaba.

Juana entró a la habitación con la charola del desayuno entre las manos. Lo ayudó a levantarse de la cama con paciencia y cuidado, le alcanzó la ropa que debía vestir ese día y vigiló que se la colocara correctamente. Le ordenó que se dirigiera al baño a lavarse para que pudiera, entonces, desayunar.

Detuvo su mirada frente al espejo después de mojarse la cara para asearse los dientes y peinarse. Miró sus ojos inclinados hacia abajo, las orejas pequeñas con la parte superior apenas doblada, la boca diminuta en contraste con la lengua que parecía estar tan grande. Esa nariz con el tabique nasal aplanado.

Se sentó a desayunar. Juana empezó a arreglar la habitación. Callada como siempre, dedicada a sus obligaciones, eficaz pero fría como un témpano de hielo. Abrió las cortinas para que entrara la luz. Él se dispuso a ver hacia el jardín mientras masticaba su almuerzo tratando de no verter, como siempre, jugo sobre la mesa. De cuando en cuando, Juana se acercaba a limpiarle con un pañuelo la boca eliminando los restos de comida que quedaban visibles fuera de ella.

En esa época del año, todo estaba verde, las lluvias arreciaban por la tarde pero las mañanas eran deliciosas. Todo se impregnaba de ese olor a tierra mojada, los árboles se erguían majestuosos, las flores coloreaban el lugar otorgando además frescura al ambiente. La fuente estaba encendida y varios pajarillos se ocupaban en bañarse bajo su chorro refrescante. Entonces, lo vio: estaba parado junto al manzano ¡era sencillamente fantástico!

Se levantó de la mesa y corrió hasta la ventana tirando por fin el jugo, no en la mesa, pero sí en el piso. Juana lo tomó del brazo y amable pero firmemente lo llevó a sentarse nuevamente para que terminara sus alimentos. Limpió el líquido derramado y continuó con lo suyo.

Sin quitar la vista de su objetivo, que parecía esperar pacientemente por él, engulló con avidez todos los alimentos hasta el grado de casi atragantarse, ella lo miró con desaprobación. Corrió hasta el librero y sacó un libro de estampas, recorrió las hojas lentamente mientras con el dedo índice golpeaba en cada ilustración. Por fin lo encontró. Lo llevo ante la mujer y con insistencia toqueteó la imagen. Con fastidio, su cuidadora observó la viñeta y luego articuló lenta y claramente haciendo hincapié en cada sílaba pronunciada: -U-ni-cor-nio. Eso es un u-ni-cor-nio. No existen. Son leyendas…cuentos.

No le agradó esa respuesta y jalándola por el delantal la obligó a caminar hacia el ventanal señalándole con obstinación el jardín para que mirara cómo estaba de pie rasgando el césped con la pata izquierda, como invitándolo a salir con él. Tenía el pelo más blanco que hubiera visto jamás, su crin mostraba mechones rosados, violetas, azules y verdes lo mismo que la gran cola. Pero lo más hermoso era su cuerno dorado que brillaba con el sol. A pesar de todo,  Juana parecía no verlo.

-Si te portas bien, al rato te llevo al jardín, ahora no -respondió secamente.

Luego limpió la mesa y puso sobre ella los cubos de colores para que el chico se entretuviera apilándolos mientras llevaba los trastos sucios a la cocina.

No se mostró interesado, seguía parado frente al ventanal señalando hacia afuera y pegando en el cristal. Hasta que Juana, con decisión, cerró las cortinas y lo alejó de ahí sin hacer caso a los gritos desaforados del muchacho que luchaba por regresar para seguir mirando. Cuando pudo lograrlo y asomarse al exterior, el u-ni-cor-nio se había ido.

El día transcurrió de la misma manera aburrida en la que se desarrollaba siempre. Con una sola diferencia: se sentía más deprimido que de costumbre. Pasó la mitad de la tarde llorando en silencio sin que nadie hiciera nada para consolarlo.

La noche hizo su aparición y Juana supervisó que se pusiera el pijama y se acostara a dormir. En cuanto le acomodó las cobijas salió de la estancia. El pequeño se cubrió el rostro con las mantas para poder seguir llorando sin ser molestado, hasta que por fin, se durmió. Despertó a la media noche sintiendo que le faltaba la respiración. Se sentó en la cama aterrorizado mientras gemía sin que nadie acudiera en su auxilio. Poco a poco se fue recuperando. Se puso de pie y caminó hasta el ventanal. ¡Ahí estaba otra vez! el u-ni-cor-nio lo esperaba abajo.

Cerró la cortina y corrió a ocultarse entre las cobijas mientras gritaba una y otra vez. Juana entró corriendo y tras encender la luz le riñó por escandalizar.

-Sus padres están en casa. Guarde silencio que no les gusta escucharlo gritar.

A él tampoco le gustaba escuchar la voz de su padre. Siempre renegando de su presencia, de que hubiera nacido con vida. Era una vergüenza. Lo escuchaba detrás de la puerta y eso le dolía más que cuando le faltaba la respiración. Juana se sentó en el sillón cerca de la cama prometiendo quedarse hasta que se durmiera otra vez. No supo cuando fue eso, lo cierto es que al abrir los ojos, el día clareaba y su u-ni-cor-nio se había marchado.

Sin embargo, volvía a cada momento. Juana se desesperaba tratando de alejarlo de la vidriera mientras él golpeaba el cristal llamando a aquella criatura tan hermosa, que no obstante, le daba tanto miedo.

Escuchó a Juana conversando con su madre en el pasillo, aconsejándole que mandara poner barrotes fuera de la ventana pues le preocupaba que su insistencia por estar tras ella ocasionara un accidente fatal algún día.

Los barrotes no llegaron jamás. Pero el u-ni-cor-nio sí, constantemente lo visitaba, a todas horas, cada vez por más tiempo, tanto así, que terminó por perderle el miedo.

Una noche despertó a consecuencia de los gritos de sus padres que se culpaban mutuamente porque él había llegado a la vida para ultrajarlos con su incapacidad. Caminó hasta el ventanal buscando a su amigo. Estaba acostado con la mirada fija en él, se puso de pie enseguida, los ojillos negros le brillaban como las estrellas. Sintió deseos de bajar para tocar su pelo blanco, seguramente sería suave como el algodón. Caminó hasta la puerta para salir pero estaba cerrada por fuera. Además, ellos seguían discutiendo del otro lado. Sin pensarlo dos veces retrocedió hasta el otro extremo del cuarto para después correr con todas sus fuerzas directo al cristal. El estallido de los vidrios con el impacto detonó como un trueno infernal.

El u-ni-cor-nio corrió hasta él interceptando su caída mientras el chico se aferraba a su cuello con firmeza para no resbalar mientras el animal galopaba hacia la verja, que junto con la enorme y altísima barda delimitaban la propiedad como si se tratara de una fortaleza. Pudo el niño ver las tres siluetas mirando hacia abajo impactados con la escena brutal que aparecía a través de la ventana rota. Su padre, con el mismo gesto impasible de siempre, su madre con el rostro bañado en llanto, Juana con la reprobación reflejada en sus facciones.

Todavía pudo levantar la mano con dificultad para decirles adiós antes de saltar la puerta para cabalgar en su u-ni-cor-nio hacia la libertad. Irían a un valle lleno de flores de colores y gente feliz. Donde no había padres a los que les causara vergüenza su presencia, ni paredes, ni puertas cerradas por fuera para evitar que al salir molestara con su infame apariencia.

Se acercaban a su destino. El u-ni-cor-nio era suave como la seda, de su crin de colores se desprendían luces brillantes, los cascos al golpear en el suelo hacían el mismo sonido de los tambores. Podía verlo, el valle estaba frente a él. Había una cascada cuya caída resonaba mezclándose con las carcajadas sonoras de tantos niños que jugaban alegremente. ¡Sí! ¡Los veía!…Dios mío, ¡eran idénticos a él! los ojos rasgados, la misma nariz, la comisura de la boca… ¡Cuánta felicidad!

ELENA ORTIZ MUÑIZ

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de “Puntos Breves – Ficción jedionda”

La Zaguanera, también conocida como La Reina africana, es la que sabe desde siempre que la contemplación se parece a la espera, y la espera podría ser amor. Repito: podría. Crítico teatral de profesión y persona, digamos, maravillosa, La Zaguanera que, como toda persona maravillosa sabe transformar la derrota en espera, el deseo en crítica y el amor en un festival de teatro, anda, siempre, animada con cigarrillos, alcohol y exceso. Lo de animada es un decir, es un guiño de melodrama de final ambiguo, de amor de pueblo, de amor de segunda, de ficción, contemplado, digamos. Trabaja en uno de los diarios más importantes del país pero eso no importa. Tampoco su nombre ni cierta compilación de obras en la que escribió un prólogo sobre la necesidad de analizar la violencia dentro del cansancio (o al revés). Sólo importa su imagen de hace unos meses, el año pasado me contó, borracho de Gin Tonic él, en la ciudad de Córdoba, hablando de varones sensibles mientras un uruguayo triste daba señales de amor imposible. Del uruguayo La Zaguanera sólo recuerda el tamaño de su nariz y el celeste de sus ojos. También que trabajaba para Cultura del gobierno uruguayo. “El argumento será: Nosotros queríamos ir y ellos querían venir y un día nos encontramos a mitad de camino. Allí nos preguntamos qué es lo más fácil”, decía el crítico que es una persona maravillosa, borracho de Gin Tonic en la ciudad de Córdoba. “Una invasión mutua”, dijo el otro, así, de golpe pero sutil, sonriendo para abajo como solía hacerlo mientras, contemplativa ya terminando su segundo Gin Tonic, el crítico se perdía en las posibilidades próximas y en las distintas variantes para tapar un vacío. Un decir esto. Apareció la lástima y la ternura, que no son la misma cosa y una solapada pero irrefrenable dilatación cardiovascular también se produjo en La Zaguanera. Como sucede siempre en estos encuentros entre un gobierno y los artistas, entre las gestiones culturales y las pasiones desenfrenadas que despierta el teatro, la noche estaba muy entrada y la escena sucedía entre la música electrónica de un boliche de la ciudad de Córdoba, Zen, adonde habían recaído horas antes, Seminario de Gestiones Culturales mediante, cuando comenzaron una pequeña discusión sobre proyectos que involucraran la dramaturgia como eje básico, y de futuros festivales que pudieran juntar las ganas del crítico (de Argentina) con el Uruguay, y la predisposición tímida pero firme de los uruguayos por dejar de parecer, también. Hablaban de invasiones mutuas que resumían de forma elíptica y, digamos, barroca la charla posterior que tuvieron, que tuvo La Reina negra con el funcionario uruguayo que proponía festivales y miraba tristemente, casi sin quererlo, en el enloquecedor sonido del boliche cordobés. “Era de esos varones que disfrutan de la compañía de uno”, dijo el crítico, “esos que te alientan de alguna manera a que te lances tiernamente sobre ellos pero que te rechazan de una manera tan humilde y dulce que una termina tirada en un rincón, llena de culpa y amor”. Esto lo pensó también ahí él, entre sonrisas y Gin Tonic. El uruguayo estaba cerca pero lejos como para escucharle los pensamientos. Tampoco lo miraba directamente a pesar de la mirada del crítico que se posaba casi disimuladamente sobre él. Disimulado es un adjetivo irónico. “Demasiado tímido para mirar de frente, es una linda persona”, dijo el crítico, casi como una vieja actriz invitada de todo esto. Pasaron tres muchachos delante de ellos, muy cerca, esa noche en Córdoba. “Varones que ofrecen carne y peligro, mentirosos varones que mienten tan verdaderamente que casi no mienten ellos, siempre ofreciendo el idéntico peligro que tratan de ocultar. Te llevarán todo. O vos se lo darás todo”. Tenía los dientes apretados de deseo al contarlo. Fuma Particulares 30 y al uruguayo, aquella noche, lo vio como un varón sensible y peligroso, de esos que conjugan el entonces y el todo, y de los cuales nunca se sabe el motivo por el cual esa sensibilidad huele a oscuridad. La Reina africana jamás volvió a verlo. Tampoco quiso. Hay algo triste, derrumbado. Hablo de los dos.

LEONEL GIACOMETTO (Rosario, Santa Fe, 1976). Escritor, dramaturgo y director teatral, y a veces periodista cultural. En narrativa ha publicadoPequeñas Dispersiones (Editorial Municipal de Córdoba, Córdoba, 2005). Algunos de sus cuentos fueron premiados y publicados en antologías en Argentina, España, Costa Rica y México. Para chicos ha escrito Naúfragos y Piratas (Editorial Homo Sapiens, 2005). Para teatro, entre otras, Dolor de pubis (Siete autores: la nueva generación, Editorial Inteatro, Buenos Aires, 2004), Santa Eulalia,Madagascar (Dramaturgos del Litoral argentino, Editorial de la Sociedad General de Autores, Argentores, Buenos Aires, 2008) Despropósito,Arritmia (Nueva dramaturgia argentina, Editorial Inteatro, Buenos Aires, 2008), Plató (Tercer Premio en el VII Certamen de Textos Teatrales de Torreperogil, España, 2004), Herr Klement(Primer Premio del concurso de textos teatrales del Ayuntamiento de Santurce, España, 2005),Todos los judíos fuera de Europa. Escribió y dirigió Carne Humana (1998), Fingido(2007), Real (2007), Latente (2008) y Desenmascaramiento (2008). Sus obras son representadas en Argentina, España, El Salvador, México, Estados Unidos y Venezuela. Junto a Patricia Suárez publicó Trilogía peronista (Editorial Teatro Vivo, Buenos Aires, 2005) y el volumen de obras infantiles Leones, osos y perdices (Editorial Colihue, 2006). Reside en Rosario. Nominado a los Premios ACE 2006/2007, mejor autor argentino por Todos los judìos fuera de Europa (6 nominaciones ACE, 3 Premios ACE -Mejor espectàculo off, Mejor Actor, Revelaciòn masculina). http://putosbreves.blogspot.com/

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Vanidad y Amor Propio

Vanidad, diría yo, es una de nuestros rasgos más evidentes. Pensarlo conduce a valorar otras ideas, por ejemplo, en su relación con el amor propio. En una definición básica y fruto de mi limitada experiencia pienso que el amor propio es la condición sine qua non de la existencia y del encuentro con el sentido. Así lo creo porque el amor propio es un acto de auto reconocimiento, esto es, un acto en el que desde nuestra psicología decidimos crear una imagen de nosotros mismos, de lo que creemos ser, siempre especulando porque jamás acabaremos de saberlo. Así, amor propio es la consciencia de que contamos con nosotros mismos.

Por otra parte está la vanidad que juzgo como uno de los rasgos más evidentes en las mujeres y hombres de nuestros tiempos. Pero debo confesar que, quizás, por ser hijo de estos tiempos, es en estos tiempos donde lo percibo con más claridad y donde logro apreciar que las vidas se estructuran sobre el deseo incontenible del aplauso. El problema fundamental es que amor propio y vanidad son fuerzas opuestas, no complementarias. Mucho me temo que el deseo de aplauso –hijo indiscutible de la vanidad– surge precisamente de la imposibilidad de amarnos y de reconocernos, en otras palabras, de la imposibilidad de darnos un valor desde nosotros mismos.

Tristemente, lo confieso, creo que tal dilema no surge como una suerte de patología individual –porque creo que es patológico–, se trata de una patología colectiva. En un mundo donde permanentemente se habla de reconocimientos –cuando otorga premios, cuando cultiva los ascensos, cuando recompensa los actos, cuando subimos a la tarima para esperar los aplausos– no habría mucho más que hacer que jugar el mismo juego. En ese ejercicio hemos encontrado mecanismos de valorización más no de valoración –que entiendo como algo más hondo y, por cualitativo, incuantificable–: profesiones prestigiosas, títulos académicos, condecoraciones, autos exclusivos y mansiones han logrado dar valor al valor de las personas, en ese sentido, el orden de importancia se ha mercantilizado y en una acepción acertadamente empleada y sugerida por Erich Fromm somos lo que tenemos. Diría yo, valemos lo que tenemos.

Aún así, por fortuna continúan existiendo opciones. Partir de la esperanza de que el cambio inicia en nosotros mismos es fundamental para resistirnos a ese imponente mundo. Creer que es posible construir universos en donde el valor y la mercantilización no están asociados creo que es un asunto de decisión personal. Es precisamente allí donde radica la esperanza: en la decisión, en la voluntad que por cualquier motivo emerge en nosotros como por arte de magia pero también por arte de nuestra propia historia, de nuestros anhelos y del horizonte que hemos decidido dibujar ante nuestros ojos.

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Por la embriagante visión de tu sonrisa
me elevo y caigo en el mar de tu mirada,
y me embriago de una pasión enfermiza
que me mueve a flotar en comodidad encantada.
Ocúltame bien que este íntimo alucinar
me lleva desnudo a la orilla del mar.
Déjame contemplarte hasta que duermas
para luego dormir oculto entre tus piernas.

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